2020. Hoy 20 de noviembre me encuentro en la escuela 114 dando clase. Debido a la pandemia de Coronavirus y a los escenarios alternativos, formatos escolares, vino un niño.
La jornada será hasta el mediodía. No es un día cualquiera, pues no todos los días son iguales.
Empezamos la jornada con cierta incertidumbre en este lugar o pueblito del interior del país, las cosas no pasan inadvertidas. Así un día podemos tener una jornada con sucesos relevantes, cómo otro día tenemos que estar preparados para enfrentarnos a las inverosímiles situaciones. La escuela alejada del centro urbano nos hace tener que prepararnos hora y media para llegar en hora a la misma. A medida que empezamos a circular la ruta las casas van quedando atrás y la avenida se puebla de un paisaje agreste, pasto, sierras, cerros, subidas y bajadas.
Pude contemplar varias salidas del sol hacia el este, que es a donde me dirijo. En el invierno, las temperaturas bajas se habían apoderado del paisaje. Granizo, gotas de agua, nieblas, nubarrones y los rayos tenues del sol que apenas se divisaban o eran tapadas por nubes.
Ya en noviembre, con el aumento de las temperaturas y días soleados, las jornadas se vuelven más pesadas, sin embargo el día transcurre y parece que a pesar de tener estos escuela 20 años, no hubiese pasado el tiempo.
La escuela rodeada de grandes árboles frondosos y añejos, dan la sensación de espacio rural, y sólo los gritos y chisporroteos de los niños rompen el silencio.
Parece sumergida entre el devenir del tiempo, pues en este lugar parece que se ha detenido. El ambiente cálido, que mis huesos helados pudieron guardar en su memoria, es la sensación de que guardaré de este pequeño y emblemático sitio.
Para la comunidad con sus calles, en la mayoría de ellas de tierra, nueva y joven mirada, hacen que sea el lugar de referencia y donde los encuentros, los necesidades, las visiones y los deseos de la comunidad se hagan realidad.
En la historia de los pueblos y de las comunidades, doscientos años pueden parecer pocos para formar identidades pues las generaciones y las culturas se construyen en la acción unas con otras. Sin embargo al extenderse la ciudad, las nuevas poblaciones son relativamente jóvenes para poder identificar rasgos identificatorios.
Los hitos de que pude reconocer pertenecen al una placa que está en un pasillo al lado del baño y un busto de un señor con rostro ceñudo, hombre recto y de sería mirada.
Los módulos, en la parte posterior nos llevan a un cantero, cuyos arbustos lo han poblado y que te trasladan a un paseo por el sendero que da a un patio amplio e incipiente.
Los sonidos de la primavera hacen que a medida que pase la jornada empiecen a apoderarse del ambiente, pájaros, cantos y chillidos, con armonía y con llamados matutinos.
El año no pasó inadvertido, es el primer día que se puede descuidar una coyuntura diferente, y poder ser objetiva en mi mirada.
El patio comienza al recobrar vida, el sol irradia luz que ilumina los diferentes verdes. Entre ellos la oscuridad de un poste, una madera, el suelo marcan la brecha.
El viento hace mansa la brisa y ondula a las ramas.
Qué necesarios para qué baje la irradiación!
El llano no admite la ignorancia , ropa cómoda, sandalias, poco abrigo. Olores de zona árida, a pesar del verde, las calles polvorientas, el pedregal y la falta de vegetación en las calles muestran un desolador paisaje.
Ayer me pude detener a observar el jacarandá, ese árbol se autóctono, con flores lilas, que embellece lugares y puebla el suelo de una alfombra fecunda y ordinaria que se pega a los zapatos.
La voz de autoridad de una profesora corta el bullir de la mañana. La concha se pobló de prepúberes, niños de 9 y 10 años; saltos, corridas, de nuevo el bullicio.
Será que habrá otra forma de pensar en vivir, será se que hay algunos que todavía se creen omnipotentes o victoriosos donde las circunstancias del planeta nos dicen que lo inmediato puede esperar.
Los intereses de estos niños es jugar,ves estar con otros, es socializar.
Para ellos la competencia en sí misma tiene poca relevancia.
Los adultos somos los que marcamos esos límites de entre dejar ser y el convertir un juego en un juego de supervivencia.
Al llegar este noviembre, no quise dejar pasar la oportunidad de poner en escrito algunos de los sentires de este momento y lugar, pues para mí son relevantes, aún con todo lo vivido y lo que tenga por vivir.