En las vacaciones de verano, las cosas simples cobran relevancia.
Así fue ese año, cuando en una familia un niño de 8 años, le dijo a su mamá:
- Estoy aburrido. A qué puedo jugar?
Su madre algo perpleja ante la pregunta del hijo, piensa en las actividades del día y le contesta:
-A qué jugaste hoy?
-A lo que el niño responde:
-Jugué con el celular., anduve en bicicleta.
- Y eso te hizo feliz?
-Entonces, por qué no lo seguís haciendo?
El niño mira pensativo a su mamá y sale corriendo.
En ese momento una sucesión de imágenes comienzan a cruzar.
Ese niño alegre, avispado, con luces en sus ojos, sin querer era feliz...
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