En el caudaloso río, los peces sumergidos, mostraban sus piruetas.
Los había de todos los tipos y colores.
Ese río, se mostraba apacible a pesar de las inclemencias del tiempo.
Algunas veces nos mostraba su bravura con aguas turbulentas y nada de peces.
Cuando sus aguas se aquietaban, los cantos rodados, piedras brillosas de la orilla revelaban su temperamento, iracundo y soñador.
Su andar nos hablaba de tiempos remotos y de voces.
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