A la hora señalada.
Margarita era lo más soñado de la escuela. Hacía enamorar a todos.
Yo fui a la panadería y me encontré con ella. Me dijo Hola, qué hacés?, quedé entre asombrado y entusiasmado. A la salida, me dijo y no me vas a acompañar, yo quedé petrificado. Es de noche y no me gusta andar sola. Le dije que sí. Siguió con una conversación amena, y vos no hacés cosas, y qué cosas le pregunté. Cosas como esta y se acercó y me dio un beso en la boca.
Llegamos a su puerta, y me dijo mañana ven a las 7. Se puntual porque a esa hora mi abuela se va y me pide que a las ocho cierre la puerta del frente. Tenés que ser muy puntual. Nos despedimos.
Quedé pensando, cómo sería no ir a la cita, pues sería el hazme reír de todos mis compañeros en el colegio. No podía fallar. Al otro día, fui a la matiné del cine del barrio, daban una de esas películas de policía y ladrones. Justo cuando estaban por llevar a los ladrones, salí corriendo. Margarita me esperaba.
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